Trump y la geopolítica norteamericana

20/12/2016

Por Juan Battaleme

El presidente electo Donald Trump permanecerá como objeto de especulación y suposiciones hasta que asuma el 20 de enero de 2017, dando origen a una presidencia que hasta el momento se presenta como singular y abierta a todo tipo de dudas y cuestionamientos. 

El precandidato presidencial republicano Donald Trump en un debate en Cleveland, EEUU, ago 6 2015. El magnate de bienes raíces Donald Trump ganó la atención de la audiencia durante el debate presidencial republicano de Estados Unidos, aunque tal vez no la discusión en sí, mientras los otros aspirantes buscan lograr ser reconocidos por los votantes. REUTERS/Brian Snyder

A partir del 20 de enero de 2017, los dichos de campaña, acciones e ideas de Donald Trump tienen grandes posibilidades de transformarse en realidad. Ya no estaremos hablando de potenciales cambios, por el contrario los estaremos analizando. En este sentido, los indicadores para inferir que puede hacer al comando de la principal potencia militar y económica del planeta salen de su historia, la cual aparece cuestionada; y la campaña, la cual ha causado pavor, aunque como bien se sabe en política son una referencia limitada ya que no siempre se lleva a cabo aquello que se dice o se promete.

Entonces, ¿qué podemos esperar del Presidente nro.45 de EE.UU.? En primer lugar, cierto aislacionismo predicado en la campaña. Eso preocupa a los aliados principales de norteamérica y mantiene expectantes a las potencias revisionistas de China y Rusia. Ambas aceleran sus operaciones en el mundo, en función de maximizar la debilidad de Obama quien indefectiblemente esta de salida. Sin embargo, EE.UU. no puede retirarse del mundo, ya que su alcance global y sus intereses no se lo permiten. Trump puede reestructurar, reorientar, deshacer algunas cuestiones y actuar en respuesta a un determinado evento, pero no aislarse ya que no existe el domo protector. Ese esperable menor involucramiento es aquello que promueve inquietudes. Ironías de la política internacional: nadie ama a un hegemón, pero todos temen cuando el mismo se repliega.

En este sentido las prioridades se van a centrar en China y su creciente asertividad en el Pacífico, tanto por razones militares como económicas y domésticas. Durante la campaña China fue sindicado como problema para EE.UU. y todas las agendas entre las dos potencias es negativa. Aun cuando Trump haya señalado que desea llevarse bien con todos los grandes poderes, es posible que con China no lo logre. Asimismo esta dinámica tuvo un mensaje para Japón: comiencen a prepararse para defenderse ustedes mismos más activamente, mensaje que fue leído por Corea del Sur también. La disuasión extendida provista por EE.UU. puede ceder a una nuclearización por parte de estos dos “Estados Umbrales” nuclear.

La segunda prioridad es el Estado Islámico, Siria, Irak, Irán y el Medio Oriente en general. Para el Presidente electo la solución es endurecer los bombarderos y apoyar acciones militares concretas de sus aliados. Esta mirada permite pensar que en un futuro encuentro entre Trump y Putin, se pongan de acuerdo en atacar a todos por igual. Además se da por sentado que el presidente no se va a sentir incómodo hablando con los autócratas de esa región, por lo tanto el gobierno de Al Assad podría sostenerse en el poder, enterrando los esfuerzos de remoción de la administración Obama. Asimismo dará alguna señal concreta a Israel, lo cual puede llevar a la revisión extrema del acuerdo con Irán, el cual seguramente no sobrevivirá tal como esta ahora. En este sentido su Asesor de Seguridad Nacional, el Gral. Michael Flynn y el Congresista Mike Pompeo -designado jefe de la CIA- han sido abiertamente opositores al acuerdo con ese país.

Rusia puede salir beneficiada de este cambio presidencial. Si bien se espera que las tensiones entre ambos disminuyan, más de un analista señala que el termómetro de las relaciones entre ambos poderes serán los países Bálticos junto con las ambiciones contenidas o no del “zar” Ruso. Sin embargo para Trump, Rusia significa la oportunidad de negociar con sus socios de la OTAN un nuevo acuerdo para compartir el “peso de la carga” de un dispositivo de defensa colectivo con una cláusula de defensa común. Critica que proviene desde los años noventa, pero que pos crisis del 2008, EE.UU. esta menos dispuesto a seguir tolerando. Algunos políticos Europeos señalan que esta es la oportunidad para “independizarse” de la OTAN y crear una fuerza militar propia. Sin embargo esa posición enfrenta dos problemas, sí realmente decodifícan a la Rusia de Putin como amenaza, necesitan en el corto plazo el paraguas nuclear y convencional norteamericano, ya que como fuerza militar sus números son sensiblemente menores a las rusas y sus capacidades se concentran en áreas logísticas.

Alemania, Italia Francia, y Gran Bretaña, poseen las mejores capacidades de combate, aunque su compromiso con esta organización fluctua. Para el resto de los socios europeos llego la hora de revisar números. Por otra parte la amenaza de romper con la OTAN es inverosímil, primero porque reemplazarla lleva tiempo, generar capacidades de combate en todos sus miembros implica un gasto aún mayor que llevar al 2% del PBI su gasto en la OTAN, ademas de no querer dejar afuera a EE.UU. que tantos aportes ha realizado para manejar la dinámica destructiva europea de años anteriores. Ciertamente los asesores de Trump entienden esto y es por ello que esas amenazas, al menos de momento, son inefectivas para la nueva administración.

El presidente electo es una persona que se siente cómodo entre autócratas, y como buen empresario de la construcción entiende los problemas de la territorialidad. Su apuesta es que cuando se siente con sus pares y se pongan de acuerdo en relación a las zonas de influencia, estas se respeten. Buen tiempo para los lideragos conservadores, no los transformativos. Cuidado, porqué no necesariamente esto implica un retorno al balance de poder, desde las capacidades militares seguimos en un mundo unipolar.

En este sentido, sus planes militares no están claros. El quiere volver a la “grandeza a EE.UU.” y más allá de la ambigüedad de frase puede suponerse que parte de eso es reconstruir su aparato militar, afectado por la larga guerra en Irak y Afganistán. Sus primeros dichos apuntan a la Armada , llevandolá a 350 buques, una aspiración de larga data que viene del período de Ronald Reagan. Esta es una buena señal ya que junto con la Fuerza Aérea son fuerzas de respuesta rápida, por el tipo de despligue que tienen. Es probable que se acelere la construcción de la defensa antimisiles y en materia de ciber y robótica militar se pegue un salto cualitativo. El Ejército y el USMC pueden verse reducidos en su tamaño aunque no se sabe cuanto y si esto será así. La clave de su gasto militar y social es cuantos puntos más de defícit fiscal quiera tener.

Tenemos en claro que va a destinarle tiempo y dinero a los programas internos en compañía de un Congreso con mayoría Republicana. Eso significa, siendo ambos recursos finitos, menos dinero y tiempo para cooperación y ayuda internacional. La orientacion doméstica puede verse en la designación de puestos claves compuesto por el vicepresidente Mike Pence, Paul Ryan, Reince Prebius. Debido el cierre del año fiscal, sus políticas deberán tomar forma dentro de la inercia dejada por el presidente Obama; por lo tanto los efectos de los cambios que opere se veran recién en el año 2018.

Trump asume sin la mayoría popular, sino gracias al Colegio Electoral. La “pluralidad” liberal norteamericana quedó plasmada en las protestas donde el presidente electo “is not my president”, lo cuál es un poderoso mensaje al mundo de revuelta tanto de sectores progresistas o conservadores sí es que el liderazgo no les resulta de su agrado, demostrando el grado de imprudencia existente en la conducción de los asuntos políticos por parte de los liderazgos actuales.
América Latina no es prioritaria, aunque siempre recibe cierto grado de atención. Cierto giro a posiciones de centro junto con el debilitamiento, y posible terminación del eje bolivariano genera un punto de encuentro. La agenda del comercio puede mantenerse igual y las dinámicas negativas relacionadas con migraciones, narcotráfico y la presencia de potencias extranjeras como China, dominarán la agenda. La empatía que tenía Obama por los temas de pobreza en la región será virtualmente inexistente en el caso de Trump.

Finalmente, con Argentina la relación debería comenzar siendo positiva, más allá de los comentarios previos realizados por parte de la Administración Macri. El primer contacto fue alentador y seguramente el Presidente será de la partida de presidentes que vayan a su asunción a pesar de las recriminaciones internas. En este sentido existen posibilidades de lograr las inversiones norteamericanas que no vinieron en los años noventa, entre ellas comunicaciones, bienes raices y energía. Narcotrafico generará cooperación pero si la situación con China en el Asia Pacífico comienza a degenerar, la base espacial “civil” que ese país tiene en Argentina, será un dolor de cabeza para nuestra democrácia.

El autor de esta columna es Director de la carrera de Gobierno y Relaciones Internacionales de la UADE.

Fuente:

http://www.defonline.com.ar/?p=39743

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